Trajeron como principal equipaje sus valores: el trabajo arduo, el ingenio para los negocios, el ahorro y la capacidad de adaptarse a los cambios.

LOS INMIGRANTES LIBANESES CRECEN Y SE ORGANIZAN

En 1920 -según datos de B. Pérez Marchante-, había 1.066 inmigrantes y descendientes libaneses en todo el Ecuador. Los inmigrantes eran 577 y sus descendientes 489. Solo en Guayaquil había 358.

En un ambiente de inestabilidad social y política, Rashid B. Torbay se dio cuenta de que era necesaria una alianza entre los hombres de la cultura de Oriente Medio para tener una base legal y una representación en momentos de conflicto. Él y Gabriel Kronfle reunieron 62 firmas y el 8 de mayo de 1921 fundaron la Sociedad Unión Libanesa con 66 miembros, todos hombres, varios representantes de cada familia. Torbay fue elegido como Presidente. El 8 de agosto del mismo año la asociación fue reconocida por el Estado ecuatoriano.

En los años 20 y 30, la Sociedad Unión Libanesa aumentó su membresía y redefinió su misión: apoyar a sus miembros en temas judiciales, económicos y sociales con funcionarios nacionales y extranjeros. En ese tiempo, las mujeres libanesas formaron la Comisión de Beneficencia para ofrecer apoyo moral y material a sus compatriotas y asistencia básica a cualquier persona necesitada. Cristina de Antón fue la primera Presidenta.

En 1931 inauguraron una escuela de aprendizaje del árabe para ayudar a mantener viva su cultura. Entre 1934 y 1935 establecieron un asilo para ancianos enfermos y analfabetos. Los miembros varones de la Sociedad, iniciaron la Asociación de jóvenes Árabes en 1943. Sus primeros Directores fueron J. Antonio Naser y Jorge Akel.